Retrato de OopthLa fotografía solamente puede representar el presente.
Una vez fotografiado, el tema se vuelve parte del pasado.
Berenice Abbott
 

Soy un retrato de Ootph.

Para ser más preciso, soy un retrato de Ootph cuando el universo tenía 37 segundos menos de existencia que en el punto exacto en el que termina esta frase. A medida que aparecen nuevas palabras, Ootph se desplaza en el tiempo y yo me detengo en 1/125 de segundo, que es como un tiempo cero en el que soy eternidad e instante simultáneamente.

Soy un retrato de Ootph, pero no soy Ootph.  Para ser sincero, no tengo ni idea de quien es Ootph; dudo incluso que él mismo lo s
epa. Es verdad que poseo su aspecto exterior detenido en una cierta actitud y en un gesto característico con la pretensión del fotógrafo de mostrar su esencia; pero nada revela quién es en realidad Ootph. Sin embargo, este observador que ahora me mira, me atribuye una evidente manera de ser. Me sorprende mucho esta idea. Si fuera tan sencillo, “conócete a ti mismo” se resolvería con solo un clik.

Me doy cuenta de que cada persona que me observa me atribuye una personalidad muy diferente. Si el espectador es alguien cercano a Ootph, en seguida le reconoce por su físico y me contagia de sus recuerdos, de sus sensaciones y de su relación. Si el que me ve es un extraño, busca en mi mirada, en mi pose o en mi gesto, indicios que le sirvan para explicar como soy, quien era, encadenando expectativas, estereotipos, atribuciones y experiencias.

Mi espacio negativo se va llenando así de contenido gracias a extraños y conocidos de Ootph. Poco a poco, me voy reconociendo en los que me observan y descubro, no sin cierto asombro, que las fotografías no roban el alma del fotografiado, sino que son los espectadores los que ceden algo de sí mismos en cada foto que observan, y nos dan así parte de sus vidas.

 

 

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