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Mirar a través del visor de una cámara es como mirar al mundo por primera vez. Resulta sorprendente como, al limitar nuestra visión en ese rectángulo, nuestra manera de ver y de interpretar lo que vemos cambia por completo. Ese marco que usamos para encuadrar nos permite recortar el espacio a nuestra voluntad al decidir lo que incluimos y lo que dejamos afuera, lo que nos da un enorme poder creativo. En este acto de decisión es tan importante lo que introducimos en la imagen como lo que excluimos, ya que el misterio siempre es un buen ingrediente para la fotografía y, como en muchas otras cosas, menos es más.

Al utilizar una cámara compacta o un móvil nuestra experiencia cambia por completo. Con la pantalla perdemos esa sensación de aislarnos del mundo, pero nos permite ser mucho más conscientes de lo que hay alrededor. Esta manera  de mirar (muy parecida a cuando miramos una pantalla  de ordenador o una tableta o una televisión) provoca que las imágenes que obtengamos sean muy diferentes  y que, nuestras sensaciones, también lo sean.

Lo mejor de todo esto es que, no sólo la cámara nos permite ir de visita con otros ojos  por la realidad, sino que tambien podemos registrarlo al accionar el disparador.  La fotografía así crea un nuevo significado, algo muy diferente al referente, al momento anterior de presionar el obturador, aunque eso es ya otra historia.

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