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Confesiones de una fotografía subexpuesta

Supe que era una fotografía cuando fui consciente de que no tenía futuro, solo presente y pasado, tiempos que ni siquiera entonces me pertenecían. Fui creada en una centésima de segundo con un f/4 y ligeramente subexpuesta, cosa que me ha acompañado hasta este momento y que ya he asumido como mi estado natural; sí, estoy subexpuesta.

En un principio, no sabía que era una fotografía. En realidad sabía bien poco sobre nada; algunas ideas confusas sobre mi aspecto y retazos de recuerdos sobre mi referente en la realidad que venían como miradas suspendidas en un hilo de tiempo. Era bastante feliz, supongo que la felicidad era algo como eso que sentía en ese estado bidimensional, sin demasiado que recordar, ni que pensar, ni preocuparme si debería esperar algo por el momento que vendría luego de éste porque no había más que un instante interminable.

Luego desaparecí, engullida por un espacio oscuro en forma de caja de zapatos. Permanecí allí un momento eterno presente sin que nadie me dedicara ni una sola mirada, ni un solo pensamiento, ni un solo recuerdo, hasta que al final de un segundo que iba a convertirse en otro, se abrió de nuevo aquella caja y el tiempo avanzó al fin.

Desde entonces habito tras un cristal, arropada por este espacio cerrado que ha enmarcado mis dimensiones y mi experiencia. Y es aquí, sobre esta pared, donde me he dado cuenta de que ya no soy una huella del tiempo y que he perdido mi referente en alguno de estos años que han pasado desde que surgí en aquella emulsión de líquidos.

Ahora soy una mezcla de miradas, de recuerdos, de pensamientos y de expectativas. En un momento formo parte del pasado de quien se aferra a la vida con un gesto en los ojos que no acabo de entender; luego me convierto en un deseo inacabado de esta mujer que se rasca los afectos con un rencor que le maldice los recuerdos; luego la indiferencia de este hombre que me alcanza sin mirar mientras lamenta palabras que no deberían haber abandonado su enfado; luego una sonrisa en femenino que me descubre un misterio asombroso en una pensamiento; luego la memoria de este anciano que me visita cada día, me contempla durante unos minutos y se aleja riéndose, una y otra vez.

Ahora, y ahora, y ahora soy parte de quienes me observan y me cuelo en sus vidas como una experiencia más, como algo que marca un instante y quizá genere algo, como un milagro que en otro momento quizá sea futuro, aunque sea un futuro ligeramente subexpuesto.

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