CAMERA OBSCURA  (Apuntes para pensar la fotografía)

Soy una cámara oscura, a veces.

Soy espacio sin luz, a veces.

Los límites de este universo que reconozco a tientas son cuatro paredes que delimitan quien soy: un espacio finito y los muros que lo contienen, un vacío a la espera de un acto de creación.

En ocasiones, y sin presagio, un agujero negro abre paso a la luz y ésta alcanza el muro opuesto a una velocidad que ni siquiera soy capaz de soñar; impacta la materia de esta pared con tal intensidad que me hace pensar en el origen del mundo.

Así, en un instante, se crea una imagen, una huella de lo que está afuera; soy consciente de que esta proyección es algo más que un reflejo: es un indicio que se ha liberado de su referente y ahora tiene vida propia. Mi realidad cobra sentido solo para ser testigo de este milagro, cada vez que sucede.

He visto lugares que anuncian la promesa de un viaje al misterio; he visto personas que ya no existen en su tiempo, y retratos que, a veces, me han provocado el amor y otras el odio, a través de la simple interpretación de un gesto; he visto objetos que ya no eran objetos sino algo vivo y palpitante; he sido testigo del nacimiento y de la muerte en un parpadeo; he contemplado ciudades invisibles a través de los ojos de un explorador imaginario; he sido testigo de actos innombrables y sucesos que me han reconciliado con la vida; he reconocido mis recuerdos en la memoria de personas a las que nunca me he encontrado; he contemplado sueños, conceptos imposibles de describir y metáforas de mundos que nunca han existido ni existirán; he llorado, reído, gritado, suspirado al darme cuenta como la luz puede engendrar universos a partir del vacío en mi interior, y que cada uno de ellos es único e irrepetible.

Cuando la oscuridad regresa, vuelvo a soñar con imágenes en un nuevo acto de creación.

Soy una cámara oscura, a veces lúcida.

 

 

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