OBTURADOR  (Apuntes para pensar la fotografía)

Viajamos a la velocidad del tiempo. Todo lo que conocemos comparte su dirección; cambiamos al unísono conectados en un fluir constante de instantes que son siempre presente, un eterno momento que es ahora. Lo que recordamos es un pasado construido; lo que imaginamos que vendrá es un futuro incierto, imaginado o no.

Soy maestro del tiempo.
Intervengo sobre su corriente.
Lo atrapo.

Y elijo cómo.

A veces lo disecciono en fracciones de su unidad… unamilésimadesegundo… atravesando con el filo de una cortinilla el grano del tiempo, desvelando lo que es invisible a nuestra mirada cotidiana, ciega al silencio de un parpadeo.

En otras capturas juego a amontonarlo en cúmulos de soplos. El instante se estira y deviene movimiento, diluye lo real y lo convierte en un misterio de una suma de segundos apilados. Barro el tiempo y lo sacudo de su representación.

Cuando me distraigo de congelar y dilatar, lo detengo.  Ahora queda atrapado en una imagen desligada de su pasado y de sus posibles futuros. La fotografía se detiene en un universo en el que el tiempo renuncia a ser una flecha y se disfraza de punto. La memoria, esa que usamos para construirnos, puede cobrar presencia, se apropia de la imagen y nace un recuerdo, real o no. Somos coleccionistas de recuerdos inventados.

Soy maestro del tiempo.
Creador de huellas, imaginarios e inmortalidades.

CAMERA OBSCURA  (Apuntes para pensar la fotografía)

Soy una cámara oscura, a veces.

Soy espacio sin luz, a veces.

Los límites de este universo que reconozco a tientas son cuatro paredes que delimitan quien soy: un espacio finito y los muros que lo contienen, un vacío a la espera de un acto de creación.

En ocasiones, y sin presagio, un agujero negro abre paso a la luz y ésta alcanza el muro opuesto a una velocidad que ni siquiera soy capaz de soñar; impacta la materia de esta pared con tal intensidad que me hace pensar en el origen del mundo.

Así, en un instante, se crea una imagen, una huella de lo que está afuera; soy consciente de que esta proyección es algo más que un reflejo: es un indicio que se ha liberado de su referente y ahora tiene vida propia. Mi realidad cobra sentido solo para ser testigo de este milagro, cada vez que sucede.

He visto lugares que anuncian la promesa de un viaje al misterio; he visto personas que ya no existen en su tiempo, y retratos que, a veces, me han provocado el amor y otras el odio, a través de la simple interpretación de un gesto; he visto objetos que ya no eran objetos sino algo vivo y palpitante; he sido testigo del nacimiento y de la muerte en un parpadeo; he contemplado ciudades invisibles a través de los ojos de un explorador imaginario; he sido testigo de actos innombrables y sucesos que me han reconciliado con la vida; he reconocido mis recuerdos en la memoria de personas a las que nunca me he encontrado; he contemplado sueños, conceptos imposibles de describir y metáforas de mundos que nunca han existido ni existirán; he llorado, reído, gritado, suspirado al darme cuenta como la luz puede engendrar universos a partir del vacío en mi interior, y que cada uno de ellos es único e irrepetible.

Cuando la oscuridad regresa, vuelvo a soñar con imágenes en un nuevo acto de creación.

Soy una cámara oscura, a veces lúcida.